domingo, 12 de junio de 2016

Breve reflexión a partir de un artículo de Gregory Bateson

     De todos los aspectos tratados por Bateson en este capítulo, me voy a centrar en uno que me parece crucial: los hábitos. Bateson habla aquí de lo difícil que resulta escapar de los propios hábitos, hábitos que se ven reflejados en el modo de llevar a término nuestras vidas pero que sobre todo afectan el funcionamiento del pensamiento. Un hábito es por definición algo que nos impide pensar, puesto que nos aleja de un contacto inmediato con la realidad, y nos anestesia frente al hecho, que para mí es angustiante, por qué negarlo, de que no sabemos en verdad prácticamente nada de la realidad en la que todos los seres humanos nos encontramos. ¿Qué sabemos de las cuestiones más elementales como el origen de la vida o el sentido de la muerte? Nada. Hemos realizado grandes descubrimientos a lo largo de la historia basados en la observación de la naturaleza y la descripción del mundo perceptible y material, conocemos leyes físicas y químicas, tenemos explicaciones para describir el funcionamiento nuclear de la materia, a través de la medicina podemos curar enfermedades, hemos desarrollado una tecnología avanzada que nos permite utilizar ordenadores, desplazarnos a toda velocidad por el planeta, comunicarnos a distancia… pero las cuestiones esenciales más básicas y elementales continúan siendo un misterio insondable para nuestra inteligencia. Ante estas cuestiones elementales nos situamos cuando conseguimos romper con los hábitos mentales y salir de nuestra zona de confort. Nos encontramos así frente a otro de los grandes misterios como es el de la capacidad de relación: relación con los demás, relación con nosotros mismos, relación con una realidad que desconocemos y nos supera, que a veces llamamos Dios.
          Pero lo que realmente me interesa del artículo de Bateson es que en su crítica a la Dra. Mead, alude a la imposibilidad de cambiar los hábitos mediante otros hábitos y habla sobre todo no de la capacidad que la salida de dichos hábitos nos da para aprender, sino algo más importante aún: la capacidad para aprender a aprender. Aprender a aprender nos libera del mecanismo según el cual aprendemos por un tiempo gracias a que abandonamos determinados hábitos, pero dejamos de aprender en el momento en que adquirimos otros hábitos nuevos. Y aquí aparece un elemento que para mí es crucial: ¡atención! Salir de los hábitos no es lo mismo que estar constantemente rompiendo con la rutina. Más bien al contrario: una cierta rutina es necesaria para poder salir del mecanismo que nos impide una aproximación libre a la realidad, una aproximación que nace de una apertura, una escucha y una capacidad de acogida (...).

A partir de "Pianificazione soziale e deutero-apprendimento" 
en Verso una ecologia della mente de Gregory Bateson (pp. 199-217)  

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