Imagen y texto: fotogramas de episodios de la vida en la obra de Alexia
Sinoble
Al adentrarse en el pequeño pero acogedor espacio “Indiscret”, en la calle
Milà i Fontanals del barrio barcelonés de Gràcia, uno se siente inmediatamente
cautivado por un tenue resplandor. Son los dibujos y pinturas de Alexia Sinoble
(también escritora y traductora), que expone por vez primera parte de una obra
que lleva gestando desde su temprana adolescencia y de unas libretas que la han
acompañado fiel e incansablemente a lo largo de años de aventuras, encuentros,
desencuentros, alegrías o fracasos, que ha sabido ver bajo una única luz: la de
una mirada que se ha cultivado, en ocasiones, a base de renuncias y de
sacrificios. Pues lo que encontramos cuando nos situamos frente al color
sinoble que ha quedado impreso en el papel es una mirada que, sirviéndose de
episodios como flasches, deja entrever un sentido de la vida, el
sentido de su vida; pero no de una vida meramente individual o
cerrada en sí misma, sino de una a la que han acompañado siempre la mitología
griega (¡y no sólo griega!) antigua, las novelas caballerescas medievales,
entre muchas otras, así como las enseñanzas de aquellos maestros –con o sin
títulos—que ha ido encontrando por el camino.
¿Qué
nos dicen estas pinturas? Nos preguntamos presos por la extraña y tremenda
fascinación que nos suscitan. ¿Nos muestran algo?
Quizá
uno de los principales rasgos que distinguen el sello de esta artista (su
modestia no me permitiría llamarla así…), sea el de que nos mueven,
inevitablemente, a inquirir.[1] Superado
el desconcierto inicial que con toda seguridad habrá provocado en nosotros,
algo nos mueve a preguntarnos por el sentido de sus elementos –muchos de ellos
reiterados, como la luna finísima que parece una hendidura que una espada, daga
o cuchillo hubiera trazado en el firmamento, o el torreón del Dipósit de les
Aigües cuyo interior fue diseñado por el arquitecto Fontseré…)—o al menos
intuir que de un modo u otro están interrelacionados, como motivos-clave que
tal vez habrán de abrirnos a una nueva comprensión de las cosas, adentrarnos en
el ámbito de lo real no-visible, el de aquello que los medievales, como bien ha
señalado Victoria Cirlot en diversos lugares, denominaron merveille.
Pues si algo tienen estas pinturas, aparentemente desordenadas y libres en
exceso, es que componen, en cierto modo, un espacio. Espacio que a través de la
captación de momentos o episodios de especial intensidad o significación en la
vida de la artista, dan testimonio de un itinerario interior donde las
coordenadas espacio-temporales deben ser entendidas de un modo distinto. Parece
como si hubiera un centro que se sustrajera a esas coordenadas y del que la
multiplicidad y multiperspectivismo de todas esas imágenes fuera
testimonio, como en una suerte de caleidoscopio a través del cual, si se desea,
uno puede libremente abocarse a su vez al espacio de su propia interioridad,
puesto que en dicho espacio no tienen cabida ni lo meramente individual, no lo
propio. Son testimonio de un lugar común que, de nuevo recurriendo a la terminología
medieval, es un locus non locus.
Pero
prestemos atención a lo que más en concreto nos dicen los cuadros de Sinoble
del itinerario que la ha conducido hasta aquí. Lo primero que nos sorprende es
comprobar que los dibujos (o pinturas) están perfectamente numerados y que a
cada uno de ellos corresponde un título, no siempre, ni necesariamente, en
concordancia con lo que el dibujo (o la pintura) parece decir. Nos situamos
ante una obra que lo es todo menos arbitraria. Los números nos lo indican con
claridad: hay un orden que se puede seguir. Lo que pasa es que este orden no
tiene por qué coincidir necesariamente con lo que nosotros entendemos por tal.
De ahí el riesgo y la aventura ante la que se sitúa quien se coloca frente a
estos cuadros.
Gracias a la distancia que le ha proporcionado el acto, repetido y renovado
una y otra vez a lo largo de los años, de dibujar y de pintar
(“dibujar” y “pintar” que nunca están disociados de un “comprender” y un
“escribir”), la artista parece estar aquí realizando un mosaico de su propia
vida, que de este modo se ofrece generosamente al visitante como algo que puede
y debe ser leído, comprendido. Pero quien busque respuestas claras y
contundentes, ajenas al misterio y al enigma, se ha equivocado de sitio. Cada
interrogante que la mirada sobre estos papeles pintados --teñidos de sinoble (y
en muy raras ocasiones de algún otro color)—nos suscita, no hace sino abrirnos
un nuevo interrogante que nos mueve a agudizar la mirada y los sentidos. Las
respuestas solamente se nos darán en forma de un incremento de la visión.
Visión en la que lo narrativo y lo abstracto en modo alguno están reñidos
puesto que la abstracción que nos permite tener una mirada del conjunto, no
puede sino nacer de una atención a los detalles más ínfimos.
¿Qué simbolizan aquellos dragones que aparecen una y otra vez en distintos
lugares de las libretas o pinturas? ¿Se refieren a los dragones de la mitología
antigua? ¿Al que fue atravesado por la lanza de san Jorge? ¿O aluden, por el
contrario, a personajes que podemos de hecho encontrar ya aquí y ahora en el
mundo real? ¿O ambos al mismo tiempo? ¿Y qué decir de esas mujeres con cola de
sirena que aparecen una y otra vez? ¿De los castillos, las fuentes, los seres
alados, ángeles con alas de múltiples ojos en una clara referencia al
imaginario medieval?
Son muchas las preguntas que la contemplación de estos dibujos, pinturas,
libretas, o cuadros, despiertan en nosotros. Por no saber, no sabemos si se
trata en efecto de dibujos, pinturas o cuadros. ¿Qué son?
¿Imágenes? ¿No serán más bien a-imágenes que deshacen el recorrido de la vida
en su recorrerse mismo, mostrándonos con la luz que dejan entrever a su paso la
nada que nos habita haciéndonos más libres así? Todas estas preguntas tienen,
sí, una respuesta; y única: ¡abran los ojos a y de su
propio interior y atrévanse a mirar por sí mismos!
Y quien esto escribe solamente una cosa puede decir: gracias, Sinoble, por
las horas azules (blues) de soledad, lectura y silencio, y por el coraje
de contemplar y de expresar de forma auténtica y genuina. ¡Per molts
anys!
NOTA: ESTE TEXTO FUE ESCRITO EN OCTUBRE DEL 2014
CON MOTIVO DE LA EXPOSICIÓN
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