Estos días ha caído en mis manos el pequeño gran libro de Christine Kaufmann, La fascinación de una presencia. En él la autora nos habla de su propia experiencia como carmelita descalza en diálogo con los tres grandes maestros que la precedieron: Santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz y Edith Stein. Es bello ver cómo Kaufmann, que habla en todo momento desde la propia experiencia, destila aquello que es más propio del lenguaje que cada uno de estos tres santos ha encontrado para expresar su experiencia del misterio.
Bajo una búsqueda y un carisma común, cada una de las voces que hablan a través de la autora en este libro, se manifiesta no en aquello que las hace idénticas sino en aquello, precisamente, que las diferencia, dejándose escuchar así con nitidez el carácter único y singular de cada una de ellas, incluido el de la propia autora, que respeta desde una compresión y atención profundas aquello que los otros transmitieron, es decir, el cómo lo hicieron.
Del mismo modo, su manera de comunicar una experiencia que parece ser común a todos ellos, es totalmente nueva y singular, pues es la suya y nadie más que ella pudo haberla vivido así. Lo que me lleva a pensar en la que me parece ser una de las aportaciones más genuinas del cristianismo, desde el poco conocimiento que he podido tener hasta ahora de él: que la llamada imitatio christi no es en modo alguno una imitación de su vida, ni de sus obras, ni de su persona, sino que consiste en imitar su haber sido capaz de ser idéntico a sí mismo. Algo a lo que cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, no podemos sino aspirar, pero a lo que sin duda, lo sepamos o no y al margen de cualquier tipo de "ismo", estamos llamados. El libro de Kaufman es un ejemplo claro, nítido, sencillo, transparente, de ello. Por lo que desde aquí no nos queda más que agradecérselo. Gracias, Christine.
Del mismo modo, su manera de comunicar una experiencia que parece ser común a todos ellos, es totalmente nueva y singular, pues es la suya y nadie más que ella pudo haberla vivido así. Lo que me lleva a pensar en la que me parece ser una de las aportaciones más genuinas del cristianismo, desde el poco conocimiento que he podido tener hasta ahora de él: que la llamada imitatio christi no es en modo alguno una imitación de su vida, ni de sus obras, ni de su persona, sino que consiste en imitar su haber sido capaz de ser idéntico a sí mismo. Algo a lo que cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, no podemos sino aspirar, pero a lo que sin duda, lo sepamos o no y al margen de cualquier tipo de "ismo", estamos llamados. El libro de Kaufman es un ejemplo claro, nítido, sencillo, transparente, de ello. Por lo que desde aquí no nos queda más que agradecérselo. Gracias, Christine.
No hay comentarios:
Publicar un comentario